Relatos de partos con trombofilia

RELATO NÚMERO 1: Relato Sonia (PVDC con trombofilia)

En mi primer embarazo tuve me realizaron una Cesárea porquesupuestamente *no dilate*

Todavía recuerdo lacharla de los “doctores”… hablando de su fin de semana… de susalida y de la pizza que habían comido… como se burlaron por mi grasaabdominal…  como no me dejaron besar ami hijo, ni siquiera me ayudaron para pasarme de camilla en camilla porque parala dulce de la enfermera NO ESTABA ENFERMA, SOLO HABIA TENIDO UN BEBÉ (obviandoque la peridural no me dejaba mover las piernas)  

Por esto y porque sabía quepodía, luche por mi pvdc… para poder levantarme y agarrar a mi bebécuando lo desee y no llorar del dolor al escucharlo y no poder hacer nada…  

Cuando decidimos buscar a Luana meinteriorice en todo lo que era parto respetado… la importancia de parirvaginalmente y más aún después de cesárea y los beneficios que todo ello generapara la mamá y el bebé. 

Lo que más quería, era sanar esa sensación de que me habían arrancado a mi primer bebé al nacer.

Después de parir a misegundo bebé de 8sdg en el baño de casa pase por un duelo difícil. Pero sabíaque podía parir y que mi cuerpo no tenía fallas para poder hacerlo.

Cuando llegó la noticiade que Luana estaba en mi útero…pedí, exigí que me realicen losestudios de Trombofilia *NO QUERIA PERDER OTRO BEBÉ* es lo que siempre esperan,sin pensar en lo que a nosotras nos pasa física y emocionalmente. El obstetrano quería solicitarlos, lloré y casi subida a su escritorio le dije: *mi bebése muere y el culpable vas a ser vos y te vas a arrepentir* (claro yo tengoobra social, pero en un hospital público es más difícil). Fue así que al otro díame hice los laboratorios, tardó 21 días el resultado. Cuando el obstetra lo viose desfiguro y me envió al hematólogo “urgente”.El hematólogo me dijo, esto está muy mal: “te mandó a hacer solo 5 de los 17estudios que son”…  suerte que lo de la mutación te salió acá sinoestabas en la misma que tu embarazo anterior. Mi cara de asombro, no entendíanada. Pero que tengo le dije? No te explicaron?

Tenés trombofilia. Ya tevas a hacer todos los estudios, te pongo urgente en la orden.

 Lleve a la semana los resultados (trombofiliaadquirida y hereditaria) 

Me fui del consultoriocon la orden del Clexane 40. (Esa historia la cuento otro día…la de conseguir l medicación…) 

Mi lucha por el partovaginal y respetado jamás quedo de lado. Fue cuando conocí a Carla Yanina Scavuzzo quien me invitó algrupo Parimos con Trombofilia…ya venía recaudando información sobre las diferentes trombofilias en elgrupo T&E pero si buscaba un parto no era el mejor grupo para lograrlo.

Así comienza mi parto… 

Mi oportunidad de renacerjunto a Luana…  

El lunes comencé concontracciones esporádicas durante el día…  

llegó la hora deinyectarme la heparina y decidí no hacerlo… pese a enojos de mi esposo (estabaasustado él, no quería que le pase nada a la bebé ) pero seguí mi instinto. 

A las 22 hs aproximadamentecomenzaron a ser más intensas y hermosas mis ansiadas contracciones… pasamostoda la noche con mi esposo haciendo un inolvidable trabajo juntos (cuandopudimos entendernos y sincronizar)  

El martes a las 9 de lamañana tenía turno con mi obstetra, por lo que fuimos a Fundación Hospitalaria,aunque sabía que no era lo recomendado, me deje tacar, estaba con 3 de dilatación ”estas en caminome dijo, volve a tu casa y controla las contracciones” 

volvimos a casa y a las18 hs. salimos nuevamente a fundación, me atiendede nuevo mi doc (antes mi marido llamó a la partera y ledijo intensidad y ritmo de las contracciones).  

Myriam Orrego me hacetacto (mi esposo necesitaba saber si había avanzado la dilatación y la verdadyo también)… 

Myriam me mira y me diceVAMOS SONIA, ESTAS CON NUEVE VAS A PARIR (lo escribo y lloro de nuevo)… 

Mi esposo me abrazó y medijo: “yo confiaba en vos, sabía que podías”

Agradecí a Diosllorando… voy a tener mi parto gritaba (de verdad logritaba)… Jorgelina (la partera) me dice: Sonia queres que te rompabolsa… lo decidís vos… nadie te obliga… 

estaba alta la bolsa medijo… faltaba que baje para que todo pase… acepté (estaba muy cansada y loquería tener fuerza para los pujos)… 

Me rompió la bolsa…puje cuatro veces… (la obstetra y partera me decían, bien Sonia… bien…vas a poder… ya llega… vas a parir… un pujo más, veo la cabeza,dale dale… uno más y vamos a la sala de parto) fuimosa la sala de parto… Lu (mi esposo) al lado mío vamos amor… vospodes, ya estamos tan cerca. (Él llorando por mí y su pronto encuentro con suhijita)… 

En la sala de parto ya nodaba más…. NO PUEDO le grite a Lu, perdón. Él me dice dale amor… es lo quesoñaste y lo estás haciendo… 

La obstetra me dice Soniael anestesista me está esperando le digo, te inyecta y te corto (agradezco suspalabras, sé que lo dijo para que reaccione y retome mi camino)… No hicistetodo tu trabajo para eso… vos podes parir… puja!!!… puje y me dice tocaesta la cabeza… acaricié por primera vez a mi hija… dale puja que sale… 

Dos pujos másy Luana estaba en mi pecho… el expulsivo no lo sentí, me refiero aldolor… fue más el amor del encuentro que cualquier dolor… sin episio, sin peri, sin oxi,sin ninguna intervención más que la rotura de bolsa… fui libre y feliz…Sin duda renaci con mi hija y sane mujeres…sane…  

Gracias a MI TRIBU y aCarla que estaban ahí… alentando y sacando miedos del camino… 

Mi parto fue nuestroparto… se los comparto… PODEMOS PARIR


RELATO 2: Relato Poupee (parto con trombofilia)

Te miro y medescubro.  

Te huelo, tan cachorra,tan deseada, tan mia, y tan de la vida.  

Me vi tantos díasbatallando contra los miedos, de saberme tan fuerte y tan frágil a lavez.  

Yo puedo, sé que puedo. Puedogestar vida, puedo acunarte en mi pecho, puedo parirte con trombofilia.  

Almendra nació el 11 deEnero a las 23:18 hs el día que cumpliamos 40 semanas 5días.  

Con 12 hs de trabajo departo, donde se me permitió libre movimiento,ingerir líquido y comida. Sin vía, con monitoreos y pocos tactos consensuados.Había suspendido la heparina ese mismo día que me interne en FundaciónHospitalaria.  

Muchas emocionesencontradas transitamos ese día. Por momentos me sentía empoderadisima y entregada a lo quese venía, hasta que el ritmo del trabajo de parto se volvió muy intenso y creíano llegar con suficiente fuerza y energía para el expulsivo. Hubieroncontracciones que danzaba al ritmo de Tonolec y otras en la queverdaderamente sentía como se partía mi cuerpo, mente y mi ser. Un dolor que meatravesaba en cuerpo y alma. Era mi segundo parto, pero el nacimiento deTeodoro fue tan tan intervenido, esto era algo nuevo,diferente, hermoso y salvaje a la vez.   

Me movía, me agachaba, yacompañaba cada contracción colgandome del pie de lacama.  

Almendra no se terminabade encajar. La partera me animaba a probar distintas posturas para atravesarlas olas que venían y se iban. Cuando llego Myriam, la mire en esos instantesque la contracción te da respiro, y le dije no puedo más! Dale, ya falta poco,vamos! Probemos de rodillas y cuando venga una contracción puja así la ayudamosa bajar.  

Justo en ese instante enel que me sentía morir, exactamente para ese entonces, es que sentí el aro defuego, y en último quejido gutural, mezcla de dolor y el placer, escuche decira mi compañero, “dale amor es hermosa, ahí está” En un gritode dolor y placer, me parí una vez más como madre y Almendra consus ojos enormes, despiertos y penetrantes salió al mundo ….respire, puje, ycasi sin poder creer lo que vivía, envuelta en una atmósfera que roza con lainconciencia, sentí su cuerpo salir de mi. Había paridosin peridural, sin episiotomia,  pude abrazarla yllevarla a mi pecho. Sentir su cuerpo calentito, su olor a vernix y sangre, un olorespecial, único e irrepetible. Su llanto, la tibieza de su cuerpito que aúnconservaba nuestro calor humano, y sus ojitos tan abiertos, su calma en mipecho, su cordón con ganas de latir un poco más. Una abuela que no salía de su asombro alpresentar tal acontecimiento, un padre feliz y en shock, una nueva madreque nació más empoderada que nunca. El nacimiento de un hijo siempre esrevelador, pero el nacimiento de esta nueva madre es trascendental

De golpe sentí calma y paz yalumbre mi placenta, la descubrí, y me la lleve junto con mi cachorra a casa,porque juntas vinimos y juntas nos fuimos, deseaba profundamente poder honrarlafinalizada la gestación.  

Se prendió a mi pecho, y no nos separamos nuncamás.  

Almendra ya tiene laimpronta de una lucha que muchos saben, pero pocos comprenden.  

Almendra tiene lasabiduría del tiempo, de saber esperar, de saber aceptar que a veces las cosasno ocurren cuando uno quiere, sino cuando tienen que ser.  

Almendra es hija del dolor,pero no del sufrimiento. Hija de un sistema que condena a las Mujeres conTrombofilia a la cesárea como único modo de Nacer.  

Almendra, es mi grito desi se puede, siempre se puede.  

Y te parí en un grito delibertad, le ganamos a la trombofilia. 

Poupée Fernández  

Mamá de Teodoro yAlmendra 

Relato Daniela (parto con trombofilia)

Este es el relato del nacimientode mi segunda hija. Llegué a mi 2da gestación con la GRAN diferencia de contarcon el diagnóstico de mi trombofilia y mucho más informada que en la primera.Me nutrieron experiencias de muchísimas mujeres que generosamente compartieronsus conocimientos a través de la red.

A mi hematólogo, el Dr.Altman lovi por primera vez un año antes de quedar embarazada. En ese momento le consultépor su criterio para parir con trombofilia y me dijo que estaba perfectamentede acuerdo con acompañarme en un parto vaginal. Acordamos retirar la aspirinaen semana 36 y la heparina cuando hubiera indicios de trabajo de parto. Nosuele decirse porque está totalmente naturalizado el uso de la anestesia, peroel único impedimento para parir vaginalmente con trombofilia es que no esposible utilizar epidural a menos que hayan pasado 12hs desde la últimaaplicación de heparina. Quien ha tenido la experiencia de parir con y sinepidural sabe que no utilizar anestesia es, en realidad, una bendición. En micaso, después de una experiencia totalmente traumática con la epi en mi primerparto, más las limitaciones propias de la trombofilia, tuve clarísimo desde elcomienzo que haría lo necesario para parir sin anestesia.

En la semana 26 porrecomendaciones del grupo Para saber con quién parimos llegué a CeciliaBotazzi. Para mi sorpresa, los ojos no se le desorbitaron cuando le dije queiba a parir vaginalmente y me dijo que me “esperaba” hasta la 41.3 igualque cualquier otro embarazo, por protocolo del hospital. Quizá parezca unapavada, pero el hecho de que ella siempre pusiera mi embarazo en pie deigualdad con cualquier otro, que me incitara a salir de vacaciones aún consuper panzota, etc, a mí me hizo muchísimo bien. Todos los demás me hacíansentir una bomba de tiempo, un peligro andante, un “caso clínico”.

Lamentablemente el día del partoella no estuvo presente porque se encontraba de viaje, pero su acompañamientofue realmente impecable y se ocupó de dejar por escrito mis pedidos en mihistoria clínica.

Mi equipo de acompañamiento secompletó transitando la semana 35, cuando me puse en contacto con Noelia Schulz.Llevaba años leyéndola en distintos grupos de maternidad, porteo, crianza ysiempre admiré su templanza y su formación tan diversa. De repente fue obvioque era ella la persona que nos hacía falta. Es algo difícil para mí explicarla relevancia de la doula en el camino al parto. Quizás sea porque su presenciaes más significativa por lo que NO HACE que por lo que hace. Una miradaamorosa, un apoyo incondicional implícito, un sostén que te fortalece con elsolo hecho de saber que está ahí por si flaqueás.

Transitar un embarazo contrombofilia implica una gran cantidad de estudios, análisis, ecodoppler,inyecciones y medicación. En mi caso, además del ácido fólico tomaba unaaspirineta diaria y me inyectaba heparina de 40 por la mañana y por la noche.Conservar la alegría, combatir el miedo que se instala a cada paso, conectarcon lo sagrado que es gestar fueron algunos de mis desafíos. Disfrutar de esosinstantes que no vuelven. Cuidarme y cuidarnos en la medida justa, sin entraren paranoias ni agobiarme. Planificar el nacimiento que deseaba aún sabiendoque todos los planes pueden fallar. Vivir el día a día.

Era junio. Semana 38+6. Lunes demadrugada de un día de paro general. Desde el viernes previo yo andaba con untremendo síndrome de acomodar el nido. Estaba en reposo, pero había puesto alavar la tremenda pila de ropa que se había juntado después de eternos días delluvia y humedad. Ese lunes mi plan era llevar a mi hija al jardín y acercarmea entregar el plan de parto en el hospital.

Alrededor de las 3 o 4 am medespertaron las contracciones. La gata tenía una actitud extrañísima y no sealejaba de mi axila, acurrucada, aunque yo la corría una y otra vez porque yano encontraba posición para descansar. Eso me hizo sospechar que algo estaba pasando. 

A las 5am mi esposo salía para eltrabajo, fuera de CABA. Era día de paro general y yo sabía que había protestasen los ingresos a capital. Le dije que fuera pero que se mantuviera atento alteléfono.

A las 7am seguía con contraccionescada 8 minutos. Decidí no inyectarme la heparina, que era la indicación para elcomienzo del TP. Pero aún dudaba.

Le dije a mi esposo que estaba conmuchas contracciones y que no estaba en condiciones de llevar a nuestra hija aljardín, pero que tampoco me sentía en condiciones de estar sola con ella. Quepor favor volviera.

Le avisé a mi doula que andaba concontracciones, que no sabía cómo venía la mano, que nos íbamos hablando. Miesposo llevó a nuestra hija mayor al jardín y volvió a casa. Mis contraccionesse fueron espaciando pero nunca se interrumpieron. Sentada sobre la pelotadoblé ropa y ropita, preparé una muda para mí por las dudas, organicé mudas deropa para mi hija mayor.

A las 13.30 puse un poco de músicay me metí en la bañera con unas gotas de aceite esencial de manzanilla. Hacíamucho frío y el agua se enfriaba rápido. Mimé la panza y transité algunascontracciones. No tenía ni ahí la certeza de que iba a parir ese día. De hechoempecé a dudar si aplicarme la heparina porque, al parecer, las contraccionesiban desapareciendo (tenía una cada 25 minutos) Esto lo enfatizo porque enninguno de mis dos partos tuve un tp progresivo “de libro”, estotambién puede suceder y evidentemente es normal.

A diferencia de mi primer TP, quelo transité sin dolor hasta muy muy avanzado, en esta ocasión desde lasprimeras contracciones sentía mucha tensión en el pubis.

Traté de descansar unas horas peroera imposible dormir. A las 16hs mi esposo sale a buscar a mi hija y me diceque la quiere llevar a merendar a la salida del jardín. Me di cuenta queclaramente no consideraba la posibilidad de que yo pariera ese día, pero mepareció bien estar un rato sola y que mi gorda tuviera un momento deexclusividad con su papá (sobre todo si iba a nacer su hermana en breve)

Alrededor de esa hora ya no pudehacer nada más que no fuera transitar las contracciones. Me sentaba en lapelota, que fue mi gran aliada, me ponía de cuclillas en la cama, de lado, comofuera posible.

Ellos volvieron cerca de las17.30hs y las contracciones empezaron a hacerse más frecuentes. de 15 pasaron a8 minutos.

A las 18.30 hs le escribí a Noeque las contracciones no paraban, pidiéndole si podía venir. Entré a la ducha.Llegó enseguida y supongo que, no por casualidad, las contracciones seempezaron a precipitar y ponerse más intensas. Estábamos en mi habitación conlas luces tenues.

Las dos horas siguientes las pasécon mi doula en la habitación y los recuerdos ahí ya se hacen borrosos. En cadacontracción sus masajes en la zona del sacro me aliviaban muchísimo. No podíacreer esa analgesia, era muy reconfortante. Mi esposo iba y venía y preparabala cena para mi hija.

No sé bien a qué hora fue pero ledije que fueran a buscar a mi hermana, que se iba a quedar con mi hija ese día.Ella vive a unas 20 cuadras pero al ser paro general de transporte, no sabíamossi podía llegar. Así que salió mi esposo con nuestra hija a buscarla y yo mequedé con Noe. Se estaba volviendo bastante agotador el proceso.

En realidad no pensé que faltaratan poco, le pedí que viniera mi hermana porque quería que mi compa pudieraestar conmigo y conectar con el proceso dejando a la niña a su cuidado. Cuandovolvieron los 3 las contracciones ya no me daban tregua. Si a las 19hs podíaconversar entre contracción y contracción, a las 20.30 ya me era imposible.

Me recuerdo sentada sobre lapelota, con la cabeza y hombros apoyados en la cama, pensando (o diciendo, ya nolo sé) “si no va a nacer ahora que al menos me de descanso. “no doy más”.Ya no alcanzaba el tiempo entre contracciones para descansar y recuperarfuerzas. Recuerdo que sentía frío y calor al mismo tiempo. Empecé a sentirmuchísimo agotamiento. Me quejé e inmediatamente algo en mi me dijo”tranquila, estas exactamente donde querías estar.”

Empecé a sentir que todo se meaflojaba. Ganas de hacer pis, caca y vomitar al mismo tiempo. Ya era obvio quemi cuerpo estaba total e inexorablemente entregado al nacimiento. El dolorcambió y se intensificó de golpe. La pelota ya no ayudaba, necesitaba colgarmeporque la presión que sentía era impresionante. Sudaba y tenía frío. Habíapasado el día haciendo la “o” primero con sonido, más tardesilenciosa (algo rarísimo porque en mis clases de eutonía yo sentía que la Osilenciosa no me ayudaba pero en ese momento fue un recurso muy bueno). Pero yano podía.

Noe me ofreció llenar la bañerapero le dije que no, que si me metía en la bañera no iba a poder salir, quequería salir para el hospital aunque llegase y me dijeran que estaba en 3 dedilatación (no tenía idea de lo cerca que estaba de parir)

Eran las 21.20hs Empecé avestirme, contracción. Bajamos la escalera, contracción. Me despedí de mi hijamayor y oootra contracción. Cruzamos al auto y antes de entrar, otracontracción. Esto se estaba poniendo serio!! Mi marido manejaba con unatranquilidad envidiable y Noe se sentó conmigo en el asiento trasero. A lastres cuadras siento plufff y líquido bajando. Intuitivamente llevé mi mano parasentir qué pasaba. Había roto bolsa!! y empecé a sentir con toda claridad elabombamiento, la sensación de la cabeza bajando. Noe me sostenía por la espalday yo apoyaba mis piernas en la ventanilla.

Las “o” ya no servían denada. En cada contracción pegaba un alarido tremendo y empujaba las piernascontra la puerta.

En medio del camino empecé asentir necesidad de pujar. Sentía que pujar me iba a aliviar porque ya sentíala cabeza prácticamente afuera. Dije “tengo que pujar, tengo que pujar”.Mi hermosa doula me dijo “no hay problema, hace lo que necesites”.Recordaba todos los relatos sobre cómo se complica lo burocrático de laatención médica cuando el bb nace afuera del hospital….y pensé de algún modoen el frío que hacía en la calle….y decidí evitar pujar. Sabía que si asídebía ser, mi hija iba a nacer igual, aunque yo no pujase.

Llegamos al hospital. Le pedí a mimarido que abriera la puerta de la salita de la guardia (yo sabía que había unacamilla y quería recostarme ahí y poder pujar) .Me dijo “espera que yavienen” nooonooo abrí yaaa y me subo a la camillaaaa. jajajja. En esoentró corriendo la obstetra de guardia y me hizo un tacto (como si hicierafalta!) y dijo “directo a sala de partos” Fue música para mis oídos.Ya estábamos ahí.

Entramos a la sala de partos y mesubí al sillón. No hubo tiempo de nada. No sé cuándo llegaron a ver mi historiao llamar a Botazzi porque me preguntaron si me había inyectado la heparina. Nollegué a sacarme más que el pantalón porque ya nacía.

Vino la contracción. Un pujo, miesposo me dice que ya ve la cabeza. El obstetra me dice “ya estas, yaestás, un pujo y nace”. De alguna forma era obvio, pero fue muyemocionante escucharlo. En la siguiente contracción recordé las enseñanzas demi profe de eutonía, que me dijo que es totalmente posible respirar y tomar aaire en el medio del pujo. E incluso hablar y seguir pujando. Y así fue.Prolongué el coxis, respiré, grité, volví a respirar mientras pujaba y ahhhhalivio!!!! En segundos mi bebota calentita y húmeda estaba sobre mí. Laapoyaron en mi pecho, lloró un poco y cuando iba a darle teta se había quedadodormida y hasta roncaba!! jajja increíble!! Parecía que yo no era la única quehabía quedado exhausta después de 18hs de tp. La acariciamos y le hablamosmientras esperábamos a que el cordón dejase de latir. “Hola mi amor!! Teamamos!! Ya estas acá!”

Esperaron a que terminase de latirel cordón y pedimos que el papá lo cortase. Yo tenía una felicidad que no mecabía en el cuerpo. Tanto deseaba darle ese nacimiento a mi hija y tantas veceslo había visto peligrar…

La recuperación posparto fueincreíblemente rápida. A mi me preocupaba mucho cómo iba a hacer teniendo doshijas porque después de mi primer parto, por la vía, el manoseo, la epidural yla episiotomía tuve dolores por semanas, me sentía totalmente rota. Esta vez alratito de parir estaba perfecta, yo no podía creerlo. Podía sentarme, pararme,ir al baño normalmente. Algo de ardor en la zona de la vulva y nada más. Cadaintervención que evitamos redundó en más salud y bienestar para ambas. No mearrepiento ni por un segundo de haberme obstinado en que así fuera, en parirsin intervenciones.

Voy a estar eternamente agradecidaa cada una de las mujeres que a través de sus relatos, de sus alegrías ytristezas, sus saberes y experiencias me dieron la fuerza necesaria para buscarel nacimiento que mi hija merecía.

Destaco por último que mihematólogo el Dr Altman y mi obstetra Cecilia Botazzi me acompañaron ysostuvieron, cuidándonos en nuestra salud pero también escuchando nuestrosdeseos y pedidos. El parto es nuestro!! Nadie puede atravesarlo por nosotras.El nacimiento es un solo día, pero la calidad de la experiencia impregnaránuestros días por siempre.

Podemos parir, sabemos parir, latrombofilia no impide tener un parto vaginal y espontáneo.

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