Relato de parto VICENTE – El final

Acá llega el final

El domingo 24/3 era el día que junto con Jorge (Obstetra) y Lara (partera) habíamos fijado para hacer la inducción física. La idea era internarme y colocarme un balón de cook en el cuello del utero para llegar a 4/5 cm de dilatación y luego de eso, si el trabajo de parto activo no comenzaba, romper bolsa.

El sábado a la noche fue un día especial. Me ocupé de comer algo rico, soltar y disfrutar esa última noche con panza. Hablé mucho con Vicente, le expliqué lo que iba a pasar y también le pedí que haga fuerzas para salir. Yo, sinceramente, tenía esperanzas de que el trabajo de parto empiece y zafar de la inducción pero nada de eso paso y el domingo me levante fresca como una lechuga. A lo largo del día tuve alguna que otra contracción, pero nada muy importante.

Estaba ya sin casi tiempo. Tipo 6 de la tarde me bañé, cambié y alisté. Lo preparé a Ramon y lo llevamos a lo de mis suegros (que era donde iba a pasar la noche) y obvio le contamos que era lo que iba a pasar. No sabennnnn LO que me costo despedirme de mi bebé, despedirme de ser mamá de uno solo, fue heavy.

Después de la despedida y todo, con Fernando partimos hacia el mater dei. Nos encontramos con Jorge y, como de rutina, para ver cómo estaba todo me hizo un tacto. No me voy a olvidar nunca…. empezó el tacto y a los dos segundos me pregunto… “Donde vivís?” Y yo empecé a sonreír… me sospechaba algo copado. Me reincorporé, nos sentamos en el escritorio y me dijo con una linda sonrisa: “Ya estas con 4 cm, no te voy a poner nada, volvete a tu casa y mañana nos vemos” . Les juro que no podía disimular mi sonrisa de feliz cumpleaños! Mi cuerpo estaba funcionando, estaba dilatando y lo mejor era que casi sin darme cuenta.

Volvimos a casa, buscamos a Ramon, que no entendía nada pobre Gordo así que le explicamos cómo pudimos que había habido un cambio de planes. Esa noche tuve algunas contracciones más importantes, por un momento pensé que se venía Vicente y el tp empezaba pero no… hablé con Lara me dijo que me bañe e intente dormir y obvio, me dormí hasta el día siguiente.

Lunes 25.

Fue muy loco, ese lunes me levanté sabiendo que en horas iba a conocer a Vicente. Ese día si, no había más margen. Era el día que cumplía 41.5 y que Jorge (y la OMS) puso como fecha límite.

El equipo nos había citado a las 3 pm. así que esa mañana la transité con una ansiedaddd que no les cuento. Almorzamos algo rico en casa y Juli (mi doula @doulayoga) me paso a buscar a las 2 pm y nos fuimos caminando, si como escuchan, caminando, hasta el mater dei que son aprox 5 km! Ni yo me lo puedo creer 41.5 y me camine todo eso con tal de favorecer y facilitar el nacimiento. Fernando fue en auto con todos los bártulos y la protagonista, la pelota de esferodinamia 🤣 (que fue clave).

Llegamos tipo 15:15 . Nos recibió Lara. Tacto: 4/5 cm de dilatación y cuello que faltaba borrar. Después de un monitoreo y los típicos controles íbamos a recibir una mini ayuda para que Vicente se decida a salir…. me iban a romper la bolsa. Chaaannnnn…. había mucha incertidumbre al respecto porque si me rompían bolsa y el trabajo de parto no empezaba sólo íbamos a poder esperar 24 hs. internada obvio. A las 16:30 aprox me rompieron bolsa y ya nos quedamos con Fernando en sala de preparto. Yo me relaje, pusimos una serie española en el iPad y mientras la veíamos yo saltaba en la pelota. Y entre salto y salto se empezaron a asomar las taaaan esperadas contracciones. Con mucha timidez fueron apareciendo y, no saben con la alegria con que las recibí. Cada vez que venía una sentía que todo iba a estar bien, que mi cuerpo estaba funcionando como debía. Al principio dolían poco y eran irregulares, cada 10 minutos o algo así (nunca las conté para no ponerme ansiosa) y llego un momento que se pusieron lindas, intensas. A las 18 aprox otro tacto y ya estaba con 6 cm y cuello casi borrado. Las próximas contracciones ya fueron sin Ipad ni serie. Dolían y bastante. Pero fuimos aplicando distintas técnicas para que el dolor sea soportable. Igual, les confieso que si bien me dolía muuuuucho yo sabía que cada contracción me acercaba a mi bebé y, que así como venían, después se iban y el alivio entre contracción y contracción me daba fuerzas para seguir. Al rato volvió Juli a acompañarnos y ahí ella me sostenía y yo me colgaba como de una tela para también aliviar el dolor. Esta parte no me la acuerdo muy bien, pero en un momento (habrá sido tipo 18:45) Lara me hizo tacto y me dijo que me ponga en cuclillas y, que cuando sienta la contracción puje …. Wow ya estábamos pujando y, haciendo esos pujos, estábamos “colocando a Vicente”. No saben lo aliviador que era pujar en la contracción, me dolía mucho menos. Siguió pasando el tiempo y por fin, llegó el momento del “último recurso”, como nos dijo Lara, que era la ducha 🚿(yo ya estaba feliz porque sabía que, si me habían ofrecido ir a la ducha, era porque faltaba poco) tipo 19:15 me metí a la ducha. Y así transité las últimas contracciones. Fue MUYYYY aliviador y el último trecho del periodo de dilatación ahi adentro fue la gloria. Yo sola y mi bebé sintiéndonos, haciendo fuerza juntos para encontrarnos. A las 20 hs Lara me sugirió salir para hacer otro tacto y saben que!? Ya estaba con 8 cm !!! Ahí me dijo que, si yo quería ya podíamos ir a sala de partos para hacer una pequeña analgesia (no me podían poner mucha analgesia por mi cesárea anterior), obvio que dije que si. No lo podía creer, todo estaba sucediendo tan rápido y tan bien. Finalmente entre a sala de partos. Me recibió Ana la anestesista con mucho amor y me pusieron la peri. Que alivio. A los minutos llegó Fernando vestido con el ambo y la cofia. Lloré de emoción, seguía sin poder creer que estuviéramos los dos ahí, juntos, en sala de partos, listos para recibir a Vicente.

Tocaba la parte final, aliviada de dolor por suerte, pero no de pilas porque sabía me quedaba lo más importante.

Llegó Jorge y empezamos a pujar… y MAMITAAAA yo NO SABÍA que pujar era TAN intenso. Pensé literal que la parte del pujo era importante pero no TAN agotadora. Yo pujaba con TODAS mis fuerzas al son de los alientos de Jorge que decía muy amorosamente en cada pujo “vamos, vamos, ya casi le veo los pelos, ya llega tu bebé”. Lara también me alentaba con mucho amor “Vamos vicky más fuerte, lo estás haciendo muy bien, más fuerte, ya llega”. Los alientos de Fernando no me los voy a olvidar jamás, eran tipo los de fútbol “Dale gorda, más , más, más, sos una leona, más, daleeeeeee, más”. Todos esos alientos escuché pujo tras pujo mientras pujaba con todo mi ser y aguantaba la respiración. Habré pujado unas 10 veces y ahí le pregunté a Lara que era lo que pasaba que no salía, me contestó que era normal, que por algo se llamaba “trabajo” de parto. Era un trabajo, no era soplar y hacer botella. Seguimos pujando, contracción tras contracción, pasó 1 hora y media. A veces dejaba de pujar y dejábamos que la contracción sola haga su trabajo. Yo ya sentía su cabeza ahí abajo, bien abajo (una sensación muy loca). Cambiábamos de pose y yo sentía que se estaba prolongando más de lo normal hasta que, en un momento, pasó algo que iba a cambiar el rumbo de este nacimiento. Empecé a tener un sangrado importante, ví apositos y guantes repletos de sangre. Cuchicheos entre el Obstetra y la partera, caras serias y dije… chan… algo pasó. Vino Lara y me pregunto si yo normalmente, cuando menstruaba sangraba mucho y le respondí que no. Me hicieron pujar un poco más y fue ahí cuando llegó el momento decisivo. Jorge se acercó y me dijo : tenemos que hablar. Imagínense mi cara … dije chau, acá me mandan directo a quirófano. Me explicó y me dijo que había un sangrado importante que no sabían de donde provenía y que además estábamos ya hace más de 2 horas en sala de partos pujando, Vicente no podía bajar y encajarse en la pelvis. Cada vez que yo pujaba él trataba de encajarse, pero cuando soltaba el aire y debaja de pujar él volvía un escalón para arriba. No podíamos hacer nada extra por mi cesárea anterior y, todos teníamos claro que lo primordial era la Salud. Jorge me explico que hasta ese momento no había riesgos para ninguno de los dos, pero, que si se prolongaba el tiempo de espera y pujos había mucho riesgo para Vicente y para mí. La cesárea era nuestra vía de salida para encontrarnos. Wow.

Una mezcla de emociones. Al principio traté de pedirle que por favor me espere, que yo podía seguir pujando, pero él se puso MUY firme y me dijo que NO, que había riesgo y lo que correspondía era operar. Me puse en mi eje y accedí con mi mejor cara a el plan b.

Lara me alentó me dijo que lo habíamos dejado todo pero que ya no era seguro seguir así. Cambie el chip y me centré ahora si, en recibir de la mejor manera a mi bebé. Fuimos a quirófano, me pusieron nuevamente anestesia, ahora si la posta y bien fuerte porque me iban a operar. Lara fue una grosa y en ese momento me susurró al oído y me dijo “te voy a poner música, vos concéntrate en recibir a Vicente y no escuches nada ni a nadie más, ya llega Vic, está muy cerca”. Juro me ese aliento final fue lo TODO. Tan real. Ya no importaba por donde saliera, estaba sucediendo, y en minutos nos íbamos a conocer.

Todo listo, telita puesta, y entró Fernando nuevamente. Nos abrazamos entre lágrimas y nos dimos la mano más fuerte que nunca. Estaba naciendo nuestro segundo bebé.

Minutos después bajaron la tela como si fuese una obra de teatro y vi como mi bebé, mi cachorrito salí de mi panza. Y ahí empecé a hablarle muy fuerte (porque no lo pude sacar yo obviamente) “Acá está mamá mi amor, te amo, aguanta y ya venís conmigo. Acá está mamá” y no se cuantas otras cosas le dije acompañada de mil lagrimas. Yo sabía que lo único que quería que escuché en ese momento TAN transcendental en su vida era mi voz y no la del médico, ni la de la instrumentadora, ni la de nadie. Sólo la mia, la de su mamá, esa voz que había escuchado durante los 9 meses. A los pocos segundos ya estaba arriba mío, en mi pecho. Mágico. No sé ni como describirles ese momento porque, junto con el de Ramon, ese primer encuentro es tan perfecto y tan emociónate. Las mejores dos momentos de mi vida. Tan increíblemente mágicos y emocionantes que tendría mil hijos solo para pasar por ese instante una y mil veces.

Nos miramos y abrazamos durante un rato, bastante largo por suerte, y le tocó irse a los controles con su papá. Mientras a mi me terminaban de coser y demás. Volvió por suerte rápido, no tardo más de 10 minutos que ya lo tenía sobre mi pecho nuevamente. Salimos del quirofano juntos y nunca mas nos separamos.

Si bien esta historia no termina como la imaginé ni soñé les juro que no pudo haber sido TAN PERFECTO, tan especial. Dejé todo en la cancha y, con Vicente dimos todo para que nazca por parto, pero finalmente no pudo ser y saben que? Lo acepto también, quizás fue también su decisión y obvio que quería parirlo, pero no a cuestas de ningún riesgo por mas mínimos que sea. Así que esta vez nadie me robó el parto, ni nadie me hizo una cesárea al pedo. Fue lo necesario para poder encontrarme con él y les juro que así y todo creo que fue PERFECTO. No creo que nada haya podido ser mejor de lo que fue.

Ahora que paso? Porque no se encajaba en él canal de parto?

Cuando finalmente nació nos dimos cuenta que Vicente tenía un “huevo” o “hinchadito” en una parte de la cabeza. Más precisamente como arriba de la oreja izquierda. Eso nos hizo entender que Vicente venía con una presentacion no convencional que se llama occípito-no sé qué o algo así. Que significa? Que en vez de tratar de entrar al canal de parto con la parte de la cabeza que corresponde que es como la del medio-atrás estaba tratando de meterse con otra parte y así, era imposible que entrara. Jorge me explico que sí, algunos bebés pueden nacer por parto con esa presentación, pero que por lo general son bebés mucho más pequeños y no del tamaño De Vicente que peso 4,230 kg.

Así que esta fue la historia del nacimiento de Vicente, quien quiso nacer por la panza nomas, como nació su hermanito y así fue como también lo aceptamos y respetamos.

El nacimiento De Vicente me enseño tantas pero tantas cosas, que les juro que si pudiera volver el tiempo atrás y elegir, no cambiaría nada de lo sucedido. Fue especial, único, loco, con final inesperado pero lo más importante es que sucedió con mucho mucho amor.

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Vicente nació el 25/03/2019 a las 22:54 con 4,230 kg y 54 cm rodeado de muuuucho amor y respeto.

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Les estaré eternamente agradecida al súper equipo que me acompaño que fue impecable: Jorge Ortega (Obstetra), Lara Sorbilli (partera) y Julia Gentile (doula).

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GRACIAS TOTALES.

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