#07 de #TeruParaMammaminas: BLW y Fonoaudiología: Entrevista a Fernanda Gómez De La Cruz


Entrevista:

Teru: ¿Cuántos años hace que trabajas como fonoaudióloga?

Fer: Hago clínica hace 10 años, trabajaba con niños y adultos y desde que fui mamá me aboqué solamente a la infancia. Cuando trabajaba con adultos trabaja con personas que habían sufrido accidentes cerebro vasculares, así que esto de trabajar en relación a brindar estímulos sensoriales por otros canales, por ahí más a los tradicionales, era algo que yo hacía cotidianamente, porque uno lo que tiene que hacer es ofrecer al paciente nuevas vías de acceso a una información que están desorganizadas.

Teru: ¿Y en niños?

Fer: En niños, a raíz de la maternidad, comencé a trabajar mucho más en lo que es lenguaje y habla en la niñez. Trabajo con nenes desde los 2 años hasta más o menos los 12 o 13 años. Estuve trabajando también en instituciones con niños con diagnóstico de autismo y a raíz de la maternidad decidí no trabajar más por esos lados porque hay que tener una energía diferente, poder tomar distancia de algunas cosas para poder actuar y ayudarlos y siendo mamá se me complicaba mucho más. Al ser mamá prácticamente me convertí en otra persona.

Teru: Cuándo me comentas sobre el comienzo de tu trabajo en niños de 2 años ¿es cuándo se empieza a manifestar un inconveniente en cuanto al habla de los niños?

Fer: Es el momento en el que algunas familias empiezan a preguntarse si lo que el niño está produciendo desde lo comunicativo, más allá del lenguaje, es acorde o no a su edad. Es un momento en donde las familias se preguntan qué pasa en relación a la comunicación del niño, en relación a su habla. En la media de la población es como que a los 2 años comienzan los interrogantes en las familias.

Teru: Más allá del habla es porque no pueden manifestar a través de un gesto, señalando lo que quiere y demás ¿A eso te referís puntualmente?

Fer: Hay niños en donde las familias llegan al consultorio y son niños que se pueden comunicar con gestos, con miradas y sonidos pero no hay palabras. Y hay otros casos donde hay cuestiones de la comunicación más grosera y no aparece ni siquiera el gesto. Es como que es muy amplio el abanico, lo real es que a los 2 años aparece esto de “¿lo que me hijo enuncia o produce comunicativamente es acorde o le rinde a él para relacionarse y comunicarse con otro que no sea su papá o su mamá?”.

Teru: ¿El adulto no está interviniendo en cierto sentido en apurar al niño y no dejarlo “ser” y que manifieste su habla cuando le salga? ¿O está bien que se preocupe el adulto?

Fer: Cuando hablamos de comunicación el adulto siempre interviene. Creo que a veces hay un nivel de exigencia social bastante alto en relación a la producción de los niños, no sólo en lo que es el habla o el lenguaje sino también en otras cuestiones en el orden de lo cognitivo. También es cierto que a los 2 años un niño tiene que poder expresarse y relacionarse con el otro más allá del núcleo familiar. Mi postura es que si hay una duda más vale sacársela y no quedarse con un tiempo de espera, porque también en lo que es la cuestión lingüística hay un período que es crítico que va desde que el niño nace hasta los 6 años, en donde uno puede intervenir brindando momentos por ejemplo a través del juego, del diálogo, de canciones, de un encuentro puede ayudar el niño a organizarse y ayudarlo en este aprendizaje del lenguaje que a veces por cuestiones biológicas y a veces por el mismo entorno familiar están bloqueadas, por decirlo de alguna manera. Por un lado hay una demanda social bastante alta en relación al niño: “Cuánto antes lea mejor”, “Cuánto antes se institucionalice mejor”, “Cuánto antes pueda comunicarse verbalmente mejor”, se busca que el niño sea un pequeño adulto, que se comporte socialmente en situaciones comunes como un restaurante o el aula, al igual que un adulto. También es real que ha aumentado mucho las expectativas en relación en la producción tanto del lenguaje como la lectoescritura.

Teru: ¿Cómo vez la influencia de la tecnología para esta dificultad del habla en los niños?

Fer: La tecnología existe y ellos nacieron en una era en donde la tecnología está. Si me parece que a veces hay un abuso y se la ofrecemos al niño muy tempranamente. Una cosa es un niño que ve un video junto a su mamá y canta con ella la canción que están viendo, y en esa situación se produce un encuentro con el otro en donde hay palabras, miradas, donde hay un compartir y otra cosa es un niño que está mirando el mismo video en soledad durante una hora, dos horas, tres horas. El uso de la tecnología afecta muchísimo al niño y sus aprendizajes. No por el uso que ellos hacen de la misma sino por el uso que hacemos los adultos. Somos los adultos quienes estamos muchísimo tiempo con teléfonos híper-inteligentes conectados a la web. O con tabletas que sacan fotos a todo. En varias ocasiones de encuentro adulto/niño es el primero quien está pendiente de otra cosa más allá de la situación que vive. He visto muchísimos padres y madres hamacar a sus hijos con el celular en la mano e incluso estar contestando un mensaje o estar viendo algo mientras su hijo se trepa a un pasamanos. Pienso que eso es más nocivo a que un “peque” mire una canción con su papá o su mamá y que canten juntos. En el encuentro con un niño tienen que haber otras cosas, tienen que comer juntos al menos una de las comidas, poder leer un cuento, cantar canciones, inventar juegos, acceder tempranamente a cuestiones vinculadas a la plástica, me parece que el encuentro con un niño en lo cotidiano tiene que transitar por distintas instancias en las cuales uno puede utilizar, en algún momento, algo tecnológico pero que no sea la herramienta primaria.

Teru: ¿Cómo ves la influencia del BLW en el habla de los niños?

Fer: Cuando un niño está en el útero los 2 sentidos que están activos y son primarios son el tacto y gusto. El bebé estando en la panza siente, toca el cordón, se toca a sí mismo, juega con el líquido, traga líquido amniótico también. Y ese líquido tiene modificaciones gustativas de acuerdo a lo que su mamá ingiere. Entonces sin duda son los dos sentidos que primero el bebé tiene disponibles para relacionarse con el medio intrauterino y también extrauterino, porque cuando la mamá acaricia su panza y hace pequeños masajes él siente esas caricias. Siendo que son los dos primeros sentidos que el bebé tiene como más activos, porque después la visión y audición tardan más tiempo en madurar (inclusive tienen maduración extrauterina), son a los que mejor responde el bebé ante cualquier situación. Son los canales sensoriales de entrada. En el BLW es un compartir un momento en familia. No es lo mismo un niño que come solo que un niño que come con un otro. Que lo acompaña y comparte ese mismo sabor. En ese encontrarse se produce esto de “mmm que rico que está”, “está tibio”, “está frío”, “está caliente”, “cuidado come despacio”, son palabras que está acompañadas por un soporte sensorial que el niño maneja ampliamente. Por ejemplo vos le servís un bastón de calabaza y poder dialogar con el niño sobre todos los aspectos del alimento. En ese compartir donde el adulto lo acompaña y brinda palabras brinda un montón de sentidos, son sentidos que lo habilitan al niño a crear pequeños conceptos con algo real. Totalmente contextualizado, que él realmente puede sentir, ¿por qué? Porque lo va decidiendo a través de la mano, a través de la boca y eso en simultáneo tiene un soporte semántico desde la estructuración de la palabra. Ni hablar que uno cuando su hijo come en trozos está mucho más atento, lo mira mucho más que cuando uno ofrece la comida hecha papillas y en donde uno mira más a la cuchara que ingresa a la boca que la cara o la expresión del niño. Es un compartir de manera conjunta donde hay muchas palabras que son nuevas porque uno también habla de los colores: “Vamos a comer brócoli que es el arbolito verde”, “uy mira este plato que es muy grande”, “mira cómo se desarma”, “ahora vamos a probar con la carne que es un poco más dura”….todo esto va generando un baño de lenguaje que el niño lo vivencia de una manera más real. 

Lo más importante en relación al BLW y lenguaje es el modo en que el alimento ingresa en la boca. Primero que lo habilitas como sujeto al niño cuando él tiene la oportunidad de tomar los alimentos con la mano. Que tiene su propio accionar, lo cual para un sujeto hablante es súper importante porque un niño para poder enunciar tiene que ser dueño de su rol, de su persona, de ser independiente del otro. El agarrar el objeto y sentir la textura, si es resbaladizo, si es tibio, granuloso, compacto, si eso está acompañado por una palabra del adulto como le salga en el momento es lo ideal. Cuando el niño toma el alimento y lo ingresa a su boca está decidiendo, está eligiendo. Trozan en la medida que pueden, eso los hace ejercer una presión determinada y aprender a que para comer la carne tienen que hacer más fuerza, que la calabaza se le va a desarmar más fácil, que la banana va a ser más pastosa. Son todas percepciones que ellos van a ingresar por la boca y van generando un patrón, una marca a nivel neurológico. Nosotros por más que el lenguaje sea fuertemente social tiene una base biológica y neurológica fuerte. Todos los sonidos de nuestra lengua, todos los fonemas tienen un patrón de movimiento que a nivel cerebral tienen una correspondencia. Toda esa información sensoperceptiva y de sus propios músculos y articulaciones lo va a ayudar al niño a organizar el área motora, a organizar patrones de movimiento tanto para la masticación como para la producción de sonidos de la lengua.

Teru: ¿Qué pasa con aquellos niños que hacen BLW y tienen alguna dificultad en el habla y no expresan tantas palabras como uno cree que deberían expresar en determinado momento de su crecimiento?

Fer: Que un niño se alimente con el método BLW no garantiza que no tenga problemas de habla. Por un lado tenemos problemas de lenguaje y por otro lado tenemos problemas de habla, que no son lo mismo. Cuando un niño tiene problemas de lenguaje tiene que ver con sistemas más del orden de lo neurológico de lo que sería la comunicación. Y el habla puede ser una cuestión anatómica, de que pone mal la lengua, una cuestión más bien funcional o anatómica pero no con un soporte más del orden de lo cognitivo. Cuando uno trabaja en el consultorio con un niño llegar a un “diagnóstico” lleva mucho tiempo, varios encuentros y no es un diagnóstico cerrado ya que un niño es un sujeto en constante aprendizaje y en evolución y entonces a lo mejor lo que yo vi hoy en dos meses no es así y tengo que replantearme el diagnóstico que hice en un primer momento. Y si bien el BLW no garantiza que el niño no tenga problemas del habla ni del lenguaje si va a ayudar al niño que tenga otros motivos que pueda estar generando alguna dificultad en este aspecto. Si hay un niño que tiene lengua hipotónica, que su tono muscular al nivel de la lengua es bajo y no hay un componente neurológico grosero, fisiológicamente su lengua no tiene mucho tonismo, seguramente poder comer alimentos y poder manejar su lengua para poder trasladar el alimento de un lado y otro, va a ser mucho más efectivo que un niño que sólo come papillas.

 

Fernanda Gómez de la Cruz

Licenciada en Fonoaudiología UNR

Mat. 1119/2º

Ex JTP ad. Honorem y adscripta a la cátedra Psicología del lenguaje en la facultad de psicología UNR.

Mamá de Manuel y Aitana.

 

 

Espero que les haya gustado!

Nos vemos el jueves que viene!

Saludos!

 

Teru para @mammaminas

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